Parte del combate de Hontoria de Valdearados

Por los partes que recibí en Arauzo en la mañana del 15 supe que los enemigos habían salido de Aranda, con objeto de hacer una requisición de carnes en el partido de Peñaranda de Duero. Inmediatamente determiné acudir hacia esta parte, resuelto a medir mis fuerzas con las suyas. Una rápida marcha siguió a esta determinación, y a las tres de la tarde ya estaba con la División de mí mando en Hontoria de Valdearados, una legua distante de Peñaranda. Aquí supe que los franceses eran en mayor número del que se me había dicho, pero constante en mi resolución, acampé la tropa no cuarto de legua de aquella villa [probablemente, en el Monte de la Pinosa], de tal modo que, ya siguieren en su comisión, o ya contramarchando a Aranda, pudiera salirles al encuentro. Sin tocar cajas[tambores], ni tener aviso de los confidentes que tenía dentro del pueblo en su observación, se pusieron en marcha a las 3 de la madrugada de1 I6, sorprendiendo y cercando al amanecer a Hontoria, adonde habían quedado la tarde antes a disponer raciones para la División, el abanderado de regimiento de infantería de Alanza, D. Luís izquierdo, y el cabo 1º de Caballería Húsares voluntarios de Burgos, Dionisio Blanco, con tres soldados; pero los dos primeros se abrieron paso espada en mano con laudable intrepidez, haciéndonos prisioneros los tres segundos, y cogiendo otros tantos caballos. A este tiempo andaba yo, ya en movimiento para Arandilla, donde me aseguraban que se dirigían los enemigos; pero, al atravesar el camino de Hontoria a Peñaranda advertí la huella de los franceses, y cerciorado por ella de su verdadera dirección la seguí redoblando la marcha. Los enemigos, noticiosos sin duda de nuestra inmediación, retrocedían al punto de donde habían salido [a Peñaranda]; pero era ya tarde para poder ejecutar esta maniobra impunemente. Antes de vencer la altura [La Pinosa] que da vista a Hontoria de Valdearados, se encontraron con el Regimiento de Infantería de Arlanza, conducido por su Comandante y mi segundo D. Antonio López, que desplegando en batalla a su frente hizo fuego tan vivo y acertado, que a la tercera descarga estaban ya los enemigos en una precipitada fuga y total desorden, cuyo alcance seguía la infantería con el mayor coraje. Entonces mandé que a todo escape avanzase la caballería que aún no había podido llegar [puesto que iba en vanguardia], y que cuatro compañías de Húsares Voluntarios de Burgos, a las órdenes de su Sargento Mayor, D. Gaspar Blanco, atacaran por la derecha; mientras otras dos del mismo Regimiento, a las órdenes del Capitán D. Antonio Antón, avanzaban por la izquierda con el objeto de cortar su caballería, que ya apuntaba desentenderse de la crítica situación de la infantería. Unas y otras llenaron tan completamente sus deberes, que superaron en mucho mis esperanzas. Aquéllas [las compañías de la derecha], sin más detención que la esencialmente precisa para llegar a escape desde el punto que recibieron la orden hasta el que ocupaba el enemigo sable en mano, acometieron con tal denuero que en menos de tres minutos, con ayuda de nuestra infantería, tenía ya rendidas sus armas la enemiga. Y éstas [las compañías de la izquierda] consiguieron igual ventaja sobre sus caballos, sin haberse escapado más que cinco de esta arma que, ocultándose sin duda en el monte inmediato y permaneciendo en él todo el día, llegaron a Aranda a las doce y media de la noche siguiente.

Sesenta y tres muertos; noventa y siete heridos; quinientos nueve prisioneros, entre ellos, un Teniente Coronel y once oficiales; cuarenta y ocho caballos; todas sus mochilas y equipajes; ocho cajas de guerra [tambores] y dos clarines, con la libertad de nuestros prisioneros, ha sido el resultado de esta gloriosa acción, sin más pérdidas por nuestra parte que cinco soldados heridos, uno de gravedad, y un caballo también levemente herido. Estas prodigiosas ventajas, en todos sentidos, no ha podido ser otra cosa que obra del Todopoderoso, que no ha querido permitir quede sin el merecido castigo el horroroso sacrificio que estos vándalos del Sena hicieron con los tres vocales y dependientes de esta Real y Superior Junta de la provincia de Burgos, que sorprendieron el 21 del pasado en Grado, haciéndolos morir impíamente en Soria y en Aranda y colgándolos después en una horca, donde aún permanecen, sin otro delito que haber tomado activa en defensa de su Nación, tan injusta y alevosamente invadida, saqueada y ultrajada de todas maneras por estos monstruos. Para cuya satisfacción y recompensa me he tomado la libertad (y espero que sea del agrado de V. E.) de pasar por las armas 110 prisioneros, detallados en esta forma: veinte por cada vocal de la Superior Junta; diez, por cada dependiente y soldados que me asesinaron en Aranda, e igual número por el cura de Hontoria de Valdearados, que habiéndole preso en su casa, le mataron en la refriega.

Esta proporción pienso seguir en lo sucesivo, si como, hasta ahora, no dan cuartel constante a los individuos de mi División; a lo menos si no tengo órdenes contrarias de V. E., a cuya disposición va caminando el resto de prisioneros, menos los doce oficiales que reservo en mi poder, para que sufran la última pena, si el gobernador Rey [un general francés así apellidado] no accede a la proposición que se le ha hecho de entregar en su rescate al renegado Moreno, cuya negra y horrorosa conducta tiene llenos de miserias y lágrimas a los fieles, pero infelices habitantes de Castilla. Este hombre perverso ha sido el único agente y director de la infernal columna enemiga que apresó a los desgraciados vocales, dignos sin duda de mejor suerte.

A mis ojos, Señor Excelentísimo, tanto la infantería como la caballería, han hecho prodigios de valor, acreditando en toda la serie de la acción, que son dignos descendientes del Cid y de Hernán González, cuyas hazañas se proponen imitar, acreditando así que el valor castellano que tanto terror causó a los sarracenos en aquellos siglos, era el mismo, que bien a su pesar, experimentan en el día los franceses, y que el momento en que pueda libremente desplegar esta provincia todo su poder, es el mismo en que la Nación española recobrará su dulce libertad. Recomiendo a V. E. los jefes, oficiales y tropa de esta brillante División, suplicando se digne elevar esta noticia a S. A. S. el Consejo de Regencia para su conocimiento y satisfacción.

Dios guarde a V. E. muchos años. Arauzo de Miel, 17 de abril de 1812. =

Excmo. Señor. Gerónimo Merino.

Excmo. Sr. D. Gabriel de Mendizábal, General en jefe del 7.° Ejército (1).

Parte del combate de Montoria de Valdearados (S.H.M., Leg. 50, Carp. XXXIII, 63620)

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