Paso de los prisioneros de la batalla de Valdearados

[Del comandante general del Duero, coronel D. Gerónimo Merino.- Poza 30 de abril de 1812.-] Exmô. sr. Con el objeto de proteger el paso de los prisioneros hechos en la acción del 16 de este mes en Valdearados por la carretera, me reuní con la escolta el 28 en Villafranca, resuelto á verificarlo aquella noche. Para cubrir el camino real, coloqué una compañía de caballería en Castil de Peones y otra en Pradano, puntos equidistantes del parage por donde debían pasar los prisioneros. Llegaron estos a las 10 de la noche y cabalmente en el mismo momento, la avanzada de la izquierda avisó que se acercaban los enemigos, y corto rato después rompió el fuego, que sostuvo en retirada con orden y valor. Viendo ya que no era posible se llenasen por entonces mis intenciones, pensé desde luego sacar alguna ventaja; y después de poner en seguridad los prisioneros, mandé á mi segundo D. Antonio López Ángulo que apostase la infantería en las alturas de la izquierda, mientras situaba yo la caballería en la Vega de Alcucero, inmediata á la calzada, pronta á atacar su flanco derecho. Los franceses, que con la mayor algazara cargaban á la avanzada de caballería, cayeron en la red á pesar de su  decantada previsión y experiencia: una descarga á tiro de pistola de cuatro compañías de infantería, que con el mayor tino situó mi segundo, les hizo suspender su gritería, poniéndolos en tal desorden y confusión, que no les quedó otro partido que tomar, sino encomendar cada uno maquinalmente su seguridad á la ligereza de sus caballos. Unos retrocedieron á Monasterio, y otros siguieron á Bribiesca: aquellos lo executaron impunemente, porque habiendo hecho este movimiento fuera de la calzada sin camino ni vereda, consiguieron no ser notados, sin que hasta ahora se haya podido averiguar de cierto su número, aunque dicen eran 200: mandé, pues, que cargase á los segundos mi caballería; una grande zanja que tenia á su frente, y que la obscuridad de la noche no habia permitido observar, retardó el movimiento, y dio lugar á que tomasen mucha delantera los enemigos; pero no se libraron de los efectos del acreditado valor de los húsares de Burgos, porque persiguiéndolos estos á todo escape, consiguieron por fin alcanzarlos y acuchillarlos de tal modo, que solo tres, gravemente heridos, entraron en Bribiesca.– Treinta y seis muertos tendidos en el campo de batalla, muchas armas, 28 caballos útiles, una berlina en que conducían la correspondencia, con otros efectos, han sido el resultado de esta acción, en que no he tenido mas que dos soldados heridos y un caballo muerto.

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